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Django, el ex asaltante más peligroso del Perú se convierte a Cristo


Oswaldo Gonzales Morales (a) Django
      Oswaldo Gonzales Morales "Django"

Martes 25 de Marzo del 2008
Vida Cristiana
Perú

LIMA, Perú (La República) El ex asaltante más peligroso del Perú cuenta su cambio de vida. Ha purgado condena en todos los penales del Perú. Se escapó de El Sexto y Lurigancho. Robó más de 100 bancos y amasó una fortuna de 20 millones de dólares. Eso, ya fue. Esta es la historia de un hombre converso.

En la cueva donde se refugió Django hace 28 años, cuando escapó por la puerta principal del penal de Lurigancho en medio de una lluvia de balas, aún reinan las tarántulas y los murciélagos, pero sobre aquellos seres vivos prevalece la figura del temerario Oswaldo Gonzales Morales, quien sostiene una lámpara a kerosene que lo alumbrará en las profundidades de la cavidad rocosa. Esta vez no se esconde de la justicia. Está aquí, en un cerro de Huarochirí, para elevar una oración al cielo. Llora Django, porque siente que Dios le devolvió la vida.


El otrora hombre más buscado del Perú, que escapó del Sexto en 1979 y de Lurigancho un año más tarde, se ha convertido en un predicador a tiempo completo que sostiene una biblia MacArthur entre sus manos. Oswaldo Gonzales asaltó más de 100 bancos en los años 70 y 80. Su fortuna personal rebasó los 20 millones de dólares y ahora, extrañamente, se pasea por Chosica en una mototaxi.


Se dirige al pueblo 9 de Octubre. El rezago de los huaicos aún se aprecia. Django –de pantalón, camisa y zapatillas blancas– llega y más de treinta niños salen a recibirlo, lo abrazan, lo besan, se cuelgan de sus piernas. Le dicen hermano. Oswaldo, al pie del río Chillón, se ha quedado sin palabras. Django ha tomado la pastoral de esa modesta comunidad que agrupa a cien familias.


Peregrinaje. Oswaldo en su visita al pueblo
9 de Octubre, en la zona de Huarochirí, Lima.


VIDA DE PREDICADOR


"Cuando estaba prófugo, la policía me intentó capturar mientras paseaba por el Valle del Chillón. Estaba rodeado. Solo me quedaba una salida, tirarme al río desde el puente. Los tombos no lo podían creer. Para mí era un vacilón", cuenta Oswaldo, quien se ganó el respeto en el mundo del hampa porque jamás delató a sus cómplices. La policía de investigaciones lo torturaba, lo llevaban al mar en la madrugada y lo desnudaban. Y Django mudo.


Una vez, Oswaldo estaba a punto de concretar una operación. Se preparaba a emboscar un camión blindado que transportaba los sueldos y gratificaciones de los altos mandos de las Fuerzas Armadas. En ese tiempo estaba prófugo, pero aún así conducía un carro. Unos policías le ordenaron estacionarse y al ver que no obedecía le cerraron el paso.


"Mientras bajaba del auto empecé a disparar. Los tomé por sorpresa. Los cuatro rayas estaban ensangrentados", recuerda Oswaldo, quien no se vanagloria de haber sido el ladrón más conocido del Perú. Sus pecados son ahora insumos para su prédica. La justicia terrena ya le cobró con sufridos años de cárcel e incalculables torturas.

En los 80, cuando purgaba condena en el penal de Huancavelica, intentaron trasladarlo a Yanamayo. "En esa cárcel los policías me querían matar. Me odiaban porque siempre me burlaba de ellos. Entonces decidí quemarme vivo. Así me dejaron en el hospital y no me llevaron a Puno", narra Django, quien asegura que en los últimos nueve meses no ha probado una gota de alcohol, ni fumado un solo cigarro.


Prisionero de sí mismo. En los años 80 esta
imagen capturó la atención de los peruanos.
Django en una cárcel de provincia. Eran otros tiempos.


UN TRABAJO DIGNO


Django trabaja desde el 2006 en la Demuna del Callao. El alcalde de Carmen de la Legua-Reynoso, Juan de Dios Gavilano, observó su cambio y le permitió ser consejero espiritual. Oswaldo atiende ahí a personas atribuladas, a parejas al borde del colapso, a pequeños delincuentes, a bandoleros arrepentidos. "Yo les leo la Biblia y les comparto mi testimonio. La gente necesita amor", dice Django, quien ahora se encuentra en Los Barracones, uno de los asentamientos humanos más temidos del Perú. Aquel era el reino de Oswaldo Gonzales Morales. Llegaba con los botines, repartía parte del dinero a su gente y luego cerraba una cuadra. Cinco matones con fusil en cada esquina. La policía ni se atrevía a entrar. Contrataba una orquesta de salsa y la rumba empezaba.


En Los Barracones hasta ahora lo recuerdan con solemnidad. Los menores admiran su pasado y se desentienden de su presente. El Django predicador se acerca con una biblia a un grupo de delincuentes chalacos. Los muchachos lo miran, lo escuchan. Ellos creen que las pistolas volverán a las manos del sexagenario Oswaldo.


"A veces no me explico por qué Dios me sacó de este infierno. En 1980 llegaron unos misioneros portorriqueños a mi celda y me dijeron que el de arriba tenía un plan para mí. Yo no entendía nada, pero años más tarde esas palabras se cumplieron", recuerda Oswaldo, quien lidera una cruzada por todas las prisiones del país, llamada "Ministerio Carcelario". Django entra a los penales y pide hablar con los ‘peces gordos’. Los asaltantes más buscados son su especialidad. "Si Cristo me cambió a mí, por qué no lo puede hacer contigo", les grita.


Para entender al nuevo Django es necesario escarbar en su pasado, desde su nacimiento en agosto de 1948. "Nací en Sitacocha, un pueblo cajamarquino al que volví en 1977 para donar un grupo electrógeno. Jamás hubo luz ahí", narra Oswaldo, quien quedó huérfano a los seis años.


La hermana de su madre se encargó de su educación. Llegó a Lima de adolescente y conoció, en el Callao, la palomillada. Su primer robo lo cometió a los 18 años, cuando servía en las Fuerzas Armadas. "Tenía ganas de pasear y entonces tomé un auto y me escapé del cuartel con unos amigos. A los 22 años ya era un respetado ladrón de bancos y una década más tarde operaba con Los Destructores y Los Norteños, entre otras joyas", cuenta.


AMOR ETERNO


Su esposa, Mercedes Mezones Oliva, lo observa enamorada. Ella siempre estuvo a su lado, aun en los momentos más críticos de su vida. "Yo solo oraba por él, sabía que Dios cumpliría su promesa", dice doña Mercedes. La leyenda de Django aún permanece viva y quizás aquella fama de Robin Hood sea su carga eterna.



Juntos. Django y su inseparable pareja,
Mercedes Mezones. Su principal apoyo.


Oswaldo se ha convertido en un delgado predicador que lucha contra sí mismo. "Todos los días me levanto y solo le pido a Papá Lindo que me utilice para compartir mi fe con los demás", asegura el hombre de blanco. Oswaldo ha encontrado la fuente de la felicidad a los 60 años. Ya no quiere dinero, ni joyas. Solo anhela vivir eternamente en el Cielo. Las balas ya quedaron atrás.

CAMBIO DE RUMBO


Biografía. Oswaldo ha escrito un biografía. Este año publicará sus memorias en España. "Lo más importante es que Dios me mantiene vivo, por eso mi cambio de vida es tangible. Con mi libro muchas personas entenderán que Cristo puede renovar al cansado".


Gestiona ayuda. No solo se ha convertido en predicador, también trabaja proyectos de desarrollo junto a los empresarios Marcos Bonilla, Carlos Quiroga y José Torres Quintana. "Ellos son hermanos que me apoyan para llevar ayuda a las cárceles y a pueblos alejados. A un preso no solo le tienes que hablar de Cristo, también le tienes que llevar un colchón, si puedes un plato de comida. Lo mismo sucede con las comunidades alejadas como 9 de Octubre. Ahí necesitan agua, alcantarillado y luz. Dios es el rey de las bendiciones", expresa.

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