DIARIO EVANGÉLICO DIGITAL «BEREA»

Diez años tras la matanza de indígenas evangélicos, persiste su persecución en Acteal



 

Miércoles 26 de Diciembre del 2007
Persecuciones
México

 

MÉXICO D.F., México (El Universal / Protestante Digital) A veces la Navidad se vive en medio de un infierno. Es lo que se respira en Chiapas es una estabilidad tambaleante. A 10 años de la masacre de 45 indígenas tzotziles en Acteal, esta zona parece atrapada en el tiempo. Camino a Chenalhó, donde ocurrió la matanza, están la pobreza de siempre y las divisiones de todos los días. Incluyendo la persecución por el simple motivo de abrazar la fe evangélica.

Porque si en estos 10 años se alcanzó a electrificar casi todo el municipio y se está construyendo una carretera nueva, la miseria aún inunda el paisaje. Peor aún, la zona está tan dividida como hace una década. Los unos coexisten junto al otro, pero no se rozan.

De un lado están los zapatistas, con sus rejas y retenes en Polhó; del otro, los priístas dominando la cabecera municipal y sus recursos en Chenalhó, y en medio, los habitantes de Las Abejas, que pusieron 45 muertos por una paz que aún no se ha instalado.

“Falta que se tomen medidas que garanticen que la violencia de 1997 no volverá”, señala Javier Ruiz Pérez, integrante de la asociación Las Abejas, quien advierte que “una reconciliación es imposible mientras se mantengan los instrumentos y medios que fomentaron los enfrentamientos”.

Pero esos factores han estado ahí y en toda la zona de los Altos de Chiapas desde siempre. Las disputas por un pedazo de tierra o por el control de un pozo de agua, las expulsiones masivas y sus desplazados, así como los conflictos partidistas son cosa de ayer, de hoy y pareciera que de mañana también.

“Chiapas y sus conflictos no nacen en el año 1994” dice enfática Olga Hernández Ávila, defensora de los derechos humanos que pasó años en el estado tras el levantamiento zapatista. Explica que el continuo enfrentamiento en el último vagón del tren mexicano responde a “la pobreza, a la falta de tierra y oportunidades y a una política sistemática de violación de los derechos humanos”.

GRAN INTOLERANCIA RELIGIOSA

“Que si cambiamos el partido, si cambiamos nuestra tradición, nuestro pensamiento, no quieren...” relata Rosa Hernández Díaz, una indígena de 30 años que luce como de 40 por el trabajo en el campo.

Con lágrimas, muestra lo que queda del templo evangélico que hace unos meses intentó erigir junto con otras ocho familias de Las Ollas, que como ella cambiaron su fe católica por la fe en Jesucristo y la Biblia que predican los evangélicos.

Sólo subsiste de la ilusión de su templo construido un montón de láminas y de maderas, porque el pequeño recinto no resistió la embestida a hachazos que le propinaron los habitantes de la comunidad.

Rosa lleva ya ocho meses recorriendo los 60 minutos de ida y vuelta que hay entre Las Ollas y San Cristóbal, solicitando la intervención de las autoridades. Pero no han hecho nada.

De las ocho familias que osaron ‘convertirse’, sólo quedan tres. Las otras retomaron el catolicismo tradicional, ante la enorme presión y persecución circundante, porque en muy pocas comunidades tolerar la diferencia está dentro de los usos y costumbres religiosos.

“En San Juan Chamula, en 1999, el presidente municipal decía: aquí somos 100% católicos, 100% chamulas y 100% priístas”, narra a modo de ejemplo Eduardo Rodríguez Mendoza, ex director de Asuntos Religiosos de 2002 a 2006.

Agrega que, aunque existe una tradición de lograr acuerdos comunitarios, prevalece la confrontación en gran parte de los municipios chiapanecos porque el actual gobierno abandonó la política de mediación entre católicos y evangélicos que se intentó promover a partir de 2000.

Así las cosas, Rosa —quien desde el año pasado es pastora— o resiste o se va. “Me obligan a hacer otra vez lo que antes vivía, pero yo ya no quiero, y mi esposo me dijo que no voy a ser así, que si no practico como antes, me va a correr de la casa”.

Los conflictos religiosos son cosa de todos los días en la zona de los Altos y en la fronteriza de Chiapas.

En la entidad se tiene registro de más de 325 asociaciones religiosas y es el estado donde viven menos católicos del país. Alrededor de 66% se declara católico en Chiapas, contra 88% a nivel nacional.

En ocasiones, la línea que divide una forma de ver el mundo de otra, es una carretera o una reja como la que se levantó en Mitzitón, una pequeña localidad a tan sólo minutos de distancia de San Cristóbal de las Casas.

De un lado están los católicos y del otro los evangélicos. El equilibrio es precario. Los evangélicos deben cruzar diario la carretera y la reja para llevar a sus hijos a la escuela. Ahí conviven, sin distingo, los niños católicos y los de “la religión”, como le llaman a los evangélicos en casi cada rincón de los Altos.

ENTRE LA ESCUELA Y EL CEMENTERIO

“Cuando no se entendían siempre había problemas (…y los católicos) entienden que la religión y los católicos es lo mismo (sic)” explica Hermelindo Cruz, director y profesor de la única escuela que hay en Mitzitón.

Aunque a los niños se les autoriza el ingreso a las aulas, los evangélicos ya no pueden enterrar a sus muertos en el panteón comunitario.

El comisariato lo determinó porque se oponen a pagar las cuotas de las fiestas católicas y las multas que de ello derivan. Conflictos similares se replican a lo largo de todo el estado, donde el artículo 24 constitucional, sobre la libertad de credo, simplemente no aplica; y el gobierno local no se encarga de salvaguardarlo.

En las Cañadas, Betania, municipio fundado tras las expulsiones masivas de evangélicos de San Juan Chamula, en los años setentas, Verónica, una indígena que no habla ni una palabra en español, vive nuevamente el calvario que padeció cuando fue desplazada.

Su hijo mayor, Alejandro, fue asesinado por el mismo motivo que ella salió de Chamula hace 30 años: la religión. Pero las autoridades ya liberaron a dos de los tres individuos que fueron detenidos hace seis meses, cuando abatieron a su hijo de 21 años y a su primo que sobrevivió.

“Cuando la corrieron de Chamula le quitaron la casa y le echaron fuego de una vez”, traduce al español su marido, Ángel Gómez, y remata: “Como se murió su muchacho entró la tristeza otra vez a esta casa”.

La tristeza de siempre, la de todos los días, en Chiapas. Sólo su fe en Jesús les ofrece esperanza.

MÁS INFORMACIÓN

Pueden leer aquí el artículo-reportaje de investigación “Los evangélicos y la matanza de Acteal, 10 años después” del periodista, escritor e historiador Carlos Martínez García (fundador del Centro de Estudios del Protestantismo Mexicano). En el artículo razona y demuestra que aún permanecen encarcelados muchos evangélicos, acusados de haber participado en la matanza de Acteal, en lo que parece a todas luces una detención injusta e injustificable.

Comentarios

No hay ningún comentario

Añadir un Comentario: