Nuevas investigaciones ubican el primer huerto de la humanidad

Domingo 16 de Diciembre del 2007
Ciencia y Tecnología
Turquía
Por Fernando Cohnen
GOBEKLI TEPE, Turquía (Revista Muy Interesante) Hace 11.000 años, un grupo de cazadores-recolectores asentado entre los ríos Tigris y Éufrates tuvo la idea de “domesticar el trigo”. Según los investigadores, allí estuvo el Paraíso Terrenal del que habla
Y el Señor plantó un jardín en Edén, mirando al Este, y puso al hombre dentro”. Esta parábola bíblica sobre el origen de la humanidad fue recogida en distintas formas por infinidad de leyendas orientales y occidentales. Si los chinos y los musulmanes tienen su particular jardín del Edén, los celtas creyeron fervientemente en Avalon, y los cabalistas, en un campo primordial “devastado por los que allí entraron”.
Aunque los estudiosos del Antiguo Testamento consideran que el texto sagrado es poco más que un mito, algunos arqueólogos empiezan a sospechar que podría ser una especie de guía para desvelar aspectos oscuros de los primeros pasos de la civilización. El egiptólogo británico David M. Rohl va secretas para localizar geográficamente el lugar exacto donde estuvo ubicado el Paraíso. Tras cotejar fuentes bíblicas con textos antiguos, Rohl señala que el primer granero de la humanidad se encontraba a orillas del lago Urmía, cerca de la ciudad de Tabriz, en la frontera de Turquía e Irán, y a dos pasos de los míticos yacimientos sumerios de Irak. Y lo sorprendente es que Rohl podría estar dando en la diana. No lejos del lago Urmía se encuentra el yacimiento de Göbekli Tepe –Monte Ombligo–, un conjunto megalítico descubierto en 1995 que se halla en el curso superior de los ríos Éufrates y Tigris, en la región donde
Aquel grupo de cazadores-recolectores fue capaz de dar los primeros pasos para domesticar el trigo salvaje que crecía de forma espontánea en las laderas de la cordillera de Tauro y en las fértiles tierras que rodean los lagos Van y Urmía. Podría decirse que el origen de la agricultura se encontró en esa región del planeta. Al menos eso es lo que desvelan los estudios genéticos llevados a cabo por expertos alemanes e italianos asociados al prestigioso Instituto Max Planck para
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La vida tal como era. En el sudeste de Turquía,
en mediode un vergel, vivió la primitiva tribu
que se afanó en tallar pilares y construir
un templo para rendir culto a los muertos.
Göbekli Tepe, fundamental para entender el pasado
La arqueología coincide con las investigaciones de ingeniería genética vegetal. Según Ezequiel 28:14, el jardín del Edén estaba emplazado en un monte sagrado, como el Göbekli Tepe. Asimismo, este yacimiento se encuentra muy cerca de la ciudad de Urfa, donde
Tras más de 100.000 años de era glaciar, los vientos templados de Eurasia volvieron a soplar en la zona alta de Mesopotamia, facilitando la floración en las suaves colinas que salpican los campos que rodean Göbleki Tepe. Schmidt cree que esta joya arqueológica es fundamental para averiguar cómo vivían esos cazadores–recolectores y cómo contribuyeron al nacimiento de aquel primer huerto de la humanidad, el legendario jardín primigenio del que habla David Rohl.
“Es evidente que aquí vivieron unos seres humanos que trataron de comunicar algo a otros congéneres de una forma perdurable”, señala Schmidt. El arqueólogo alemán está convencido de que este lugar, ubicado en una pequeña montaña, es un ejemplar único, “con la energía arquitectónica y mítica de un Stonehenge”, pero infinitamente más arcaico.
Su desenterramiento plantea grandes interrogantes. Uno de ellos tiene que ver con su datación, ya que el conjunto fue construido unos mil años antes de la revolución neolítica, lo que definitivamente echa por la borda la creencia de que este tipo de construcciones se llevaron a cabo tras el nacimiento del cultivo del trigo y la ganadería. Ahora sabemos que su construcción se realizó un milenio antes que el primitivo conjunto de piedra y tierra de Jericó que era considerado el más antiguo hasta que fue descubierto el yacimiento de Göbleki Tepe.
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¿Es un templo? Al sudeste de Turquía, en el sitio
arqueológico Göbekli Tepe- en la imagen uno de los
recintos ya excavados-han aparecido
Altas columnas talladas con figuras de animales
Este primigenio templo de la edad dorada del Paleolítico está armado con varias columnas en forma de T de unos tres metros de altura que fueron excavadas de una pieza a partir de la roca de la cima. Sus pulidas superficies muestran relieves con figuras de animales: zorros, gacelas, patos,grullas, jabalíes y un león. Otra sorpresa es que en el centro del santuario hay otras dos columnas más grandes, de unos seis metros de altura, que están cubiertas de signos jeroglíficos indescifrables.
Este hallazgo desvela que sus moradores pensaban en el más allá y que sentían la irrefrenable necesidad de transmitir sus creencias a otras generaciones. Schmidt cree que Göbekli Tepe era un grandioso espacio sagrado dedicado al culto de los muertos, ya que en su interior no se han encontrado restos de utensilios domésticos ni trazas de enterramientos. “Allí se reunían los sacerdotes alrededor de grandes fogatas para oficiar actos rituales en honor de los antepasados”, señala Schmidt.
Pero más sorprendente todavía fue el descubrimiento de la estatua más antigua hallada hasta ahora, desenterrada hace años por arqueólogos turcos de
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Un tema repetido por todos los artistas del mundo.
El Edén es uno de los motivos más representados
por el arte y la literatura en todos los tiempos y países.
Un vergel comparado con el actual terreno pedregoso
Las gentes que se reunían alrededor del montículo sagrado cazaban gacelas y otros animales en un territorio feraz, muy distinto al actual terreno pedregoso que sirve de refugio a la guerrilla separatista turca del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK). Los cazadores–recolectores de Göbekli Tepe aprendieron a cercar grandes extensiones de prados de grano para protegerlos de los animales. Aquel primigenio huerto natural pudo haber sido el embrión de la revolución del Neolítico; o si se prefiere, el embrión del legendario Paraíso que describe el Génesis, donde se dice que Adán recibió el encargo de cultivar y conservar el jardín del Edén
Según apunta el egiptólogo británico David Rohl en su libro Legend: The Genesis of Civilisation Paraíso se encontraba a orillas del lago Urmía, no muy lejos de Göbekli Tepe. En aquellos campos, los descendientes del artista que esculpió la estatua de Balikligöl descubrieron la forma de cultivar el trigo silvestre. Curiosamente cerca de ese lugar han aparecido figuras de arcilla cuyo origen se remonta en torno a
Pese a lo controvertidas que resultan sus propuestas, lo cierto es que algunas parábolas del Génesis guardan similitud con los acontecimientos reales que tuvieron lugar hace miles de años en los campos que rodean los lagos Van y Urmía, enclavados en el llamado “Creciente Fértil”, una amplia región que abarca el sur de Turquía, Irak, Irán, Siria, Palestina y Egipto.
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Aquí se asentaron los primeros agricultores.
Rohl relaciona el Edén con los ríos que riegan esa zona
Rohl recuerda que el Paraíso de
Los cuatro ríos primigenios eran el Pisón, el Gibón, el Hidekel –nombre hebreo del Tigris– y el Éufrates. De acuerdo con la teoría de Rohl, la verdadera identidad de los ríos Gibón y Pisón fue revelada por Reginald Walker, un erudito británico ya fallecido que publicó sus hallazgos en 1986. En esa región del planeta fluyen las aguas de río Aras. Pero antes de la invasión islámica del siglo VIII, tal y como descubrió Walker, el río Aras era conocido como el Gaihun, equivalente al hebreo Gibón.
Por su parte, David M. Rohl encontró diccionarios victorianos que se refieren a ese río como el Gibón– Aras. ¿Pero existe ese río? En su libro, Walker afirma que el Pisón es simplemente una derivación del hebreo Uizon –muy parecido a Pisón–, nombre de un acuífero que riega las tierras de la región.
Pero Walker hizo otro descubrimiento. Se trata de la villa de Noqdi, que podría ser la tierra de Nod, el lugar donde se exilió Caín tras asesinar a Abel. Según Rohl, la localización de Noqdi encaja perfectamente con lo escrito en el Génesis: “Y salió Caín delante de Jehová, y habitó en la tierra de Nod, que se encuentra al este del Edén
Utilizando todo tipo de fuentes, no sólo las bíblicas, el controvertido egiptólogo británico afirma que los habitantes del Paraíso emigraron a Mesopotamia en el sexto milenio a. C., estableciéndose en Sumeria, donde floreció una gran cultura que dio lugar a la invención de la escritura y a la creación de Uruk, considerada la primera gran ciudad de la humanidad. Según
La llamada “ruta de la cerámica” aporta pruebas de aquella migración. La cerámica más antigua aparece en el norte de los montes Zagros y es del séptimo milenio a. C. La siguiente generación de cacharros de barro es del sexto milenio y se ha encontrado al sur de los Zagros. Las primeras piezas de cerámica “moderna”, con una antigüedad de cinco mil años, se han desenterrado en Uruk.
David Rohl recuerda que algunas leyendas antiguas recogen las mismas parábolas y mitos que
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El Tigris de hoy. En la antiqüedad
se le llamó en hebreo Hideken.
También es otro el lugar donde se posó el Arca de Noé
En el mito de la creación sumerio, el dios Ninhursak afeaba la conducta a Enki (Adán) por comer de la planta prohibida del Paraíso, un pecado que le puso al borde de la muerte. Apiadándose El Tigris de hoy. En la antigüedad se le llamó en hebreo Hideken, y junto con otros tres ríos, el Éufrates, el Pisón y el Gibón, forma el cuarteto fluvial mencionado en el Génesis. Los habitantes de sus orillas lo navegan hoy en botes de poco calado, como el de la imagen de la izquierda. de él, Ninhursak creó a una diosa llamada Ninti –
Rohl también se atreve a identificar el lugar donde arribó el Arca de Noé tras el diluvio universal. En su opinión, el suceso no se produjo en el monte Ararat, sino en una montaña llamada Judi Dagh, al sur del lago Van. Según él, la parábola bíblica debe guardar algo de verdad histórica, habida cuenta de la variedad de referencias mesopotámicas sobre las pavorosas inundaciones que devastaron las orillas del Tigris y el Éufrates a finales del cuarto milenio a. C. En otra vuelta de tuerca, el egiptólogo británico afirma que los sumerios fueron los que llevaron el comercio al Este de África, siendo los fundadores del Egipto faraónico, lo que ha desatado las críticas de sus colegas, que rechazan su osadía de rescribir la historia antigua utilizando fuentes bíblicas.
Sólo se ha excavado un 10% del yacimiento
Sin embargo, recientes descubrimientos en el campo de la ingeniería genética de vegetales parecen apoyar la hipótesis de Rohl. Un grupo de biólogos del Instituto Max Planck de Colonia, en Alemania, y del Instituto Experimental del Cultivo de Cereal de Sant Angelo Lodigiano, en Lombardía, Italia, han descubierto que el primer granero de la humanidad se encontraba en la misma región donde el egiptólogo británico sitúa el jardín del Edén. Los investigadores creen que la domesticación del trigo silvestre surgió de la necesidad de nuestros antepasados. Tras la era glacial, hace unos 13.000 años, comenzó un progresivo calentamiento climático que hizo desparecer los mamuts y empujó a los renos hacia zonas más septentrionales. Con menos caza, aquellos pueblos primitivos empezaron a recolectar grano, lo que estimuló el desarrollo de algunos utensilios, como la piedra de moler y las hojas de hoz. Sin saberlo, aquellos cazadoresrecolectores estaban dando los primeros pasos hacia la agricultura y la ganadería. El trigo silvestre, que fue domesticado en la revolución Neolítica, crece todavía en las laderas del volcán Karacadag, muy cerca del lago Urmía y de Göbekli Tepe.
Los investigadores han comparado el material genético de trigo silvestre con muestras que se conservan de trigo diploide cultivado –la escaña menor–, cuyo cultivo pervivió hasta entrado el siglo pasado. El resultado ha sido contundente: la domesticación del grano silvestre se llevó a cabo en ese crucial punto geográfico del planeta. Y el milagro debió suceder una sola vez en la historia, dado que el ADN de las muestras cultivadas, de escasa variabilidad genética, guarda un asombroso parecido con el de un trigo silvestre cuyo hábitat se restringe a las laderas del volcán de Karacadag. Pero no sólo la ingeniería genética de vegetales parece darle la razón a Rohl. El arqueólogo alemán Klaus Schmidt recuerda que el misterioso yacimiento de Göbekli Tepe, del que sólo se ha excavado un 10%, aportará nuevos datos sobre los inicios de la revolución neolítica, cuando el hombre creó el primer huerto de la humanidad: ¿el jardín del Edén del que habla