DIARIO EVANGÉLICO DIGITAL «BEREA»

Secuestro de surcoreanos pone en riesgo las misiones evangélicas en países islámicos




Jueves 13 de Septiembre del 2007
Iglesia
Corea del Sur

SEÚL, Corea del Sur (Agencias / Protestante Digital)
Los surcoreanos siguen consternados por el secuestro de sus compatriotas en Afganistán. El incidente arrojó nueva luz sobre las actividades misioneras de las iglesias evangélicas protestantes y otros grupos confesionales surcoreanos en el extranjero y especialmente en países islámicos. El debate gira sobre todo en torno al sentido y las consecuencias de las campañas para evangelizar de estas organizaciones surcoreanas.
 
Corea es el país del mundo que más misioneros envía a Estados Unidos: ya son 16.000 o más. Estas iglesias y grupos son acusados a veces de mezclar su trabajo, entendido como ayuda al desarrollo, con su celo evangelizador, que les lleva a ignorar los peligros que sus miembros corren en los diferentes rincones del mundo.

Muchos surcoreanos tampoco se explican cómo es que sus 23 compatriotas viajaban sin protección entre Kandahar y Kabul, en un país de alto riesgo. Tanto, que ya en agosto del año pasado, Afganistán envió con toda prisa a más de mil cristianos surcoreanos de vuelta a casa antes de que organizaran una "marcha por la paz" religiosa.

En este reciente caso de los 23 rehenes, la comunidad de Iglesias libres Saemmul con sede cerca de Seúl, a la que pertenecían los secuestrados, rechazan todas las acusaciones de excesos en su campaña evangelizadora. Aunque es un hecho que actuaron en esta misión después de ignorar la recomendación oficial de evitar viajes a Afganistán; de hecho, la dirección de la Iglesia presentó sus disculpas a los familiares de los cautivos y a la población.

Poco tiempo antes del secuestro, varios expertos y medios surcoreanos habían ya dirigido la atención hacia las actividades de las misiones surcoreanas; reconociendo también que aportan una gran ayuda al desarrollo donde los fondos y recursos oficiales no son suficientes.

En cualquier caso, el secuestro ha iniciado una reflexión en las iglesias sobre sus actividades en los países islámicos. Sin duda siempre ha habido mártires por la fe, pero la cuestión es que una cosa es correr riesgos y otra no tomar precaución alguna. Y en medio, quienes quieren aprovechar cualquier disculpa para prohibir las actividades cristianas. El debate está servido.

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